martes, 21 de marzo de 2023

Por el Chiringuito

Ethan no parecía tener ni una pizca de preocupación ni remordimientos por hacerse pasar por otra persona. Era un delito, no hacía falta ser un genio para saberlo, pero estaba segura que hasta en esta isla alejada del mundo también era así.
El vestido que supuestamente tenía que ponerme parecía de la época en la que Mozart daba sus primeros conciertos como niño prodigio en palacio. Hasta había una peluca blanca epóquitamente hortera.
El vestido parecía haber sido modificado y tenía algunos encajes blancos, pero había algo que no habían modificado: el corsé. ¿También tenía que sufrir como una dama de época aún estando en el siglo XXI?
-Señorita Brennan, ¡no sabe cuánto lo siento! Se me olvidó que me necesitaba para vestirse, su hermano la está esperando ya junto a las escaleras, ¡rápido!- y en menos que se dice Requiem, (cosa que tal vez fuera a necesitar al final de la noche si se descubría mi delito), me torturaron, o lo que es lo mismo, me disfrazaron.
Fue fácil localizar a Ethan, no porque llevara la máscara exactamente idéntica a la mía, sino porque era el único vestido tan ridículo como yo.
-¿Sigues pensando que ha sido buena idea?-le susurré cuando llegué junto a él.
-Aunque tenga el disfraz de un gay-no-salido-del-armario, deberías estarme agradecida de que sea capaz de hacer esto por el chiringuito. Cuánto más me lo repito más capaz de siento.-masculló.
"Por el Chiringuito" me pareció un lema que concordaba a la perfección con el propósito de marketing de esta noche, sin embargo no fue eso lo que me llamó la atención.
-¿Elliot es gay?
-Sí, no hay otra excusa pausible para esta peluca y para torturar así el género, sólo la de aspiración de patinador artístico frustrada.
-¿Sostienes que todos los patinadores artísticos son gays?
-O tienen la suficiente pluma para serlo-confirmó Ethan.
No pude evitar reír al no comprender el hilo de sus pensamientos, desde disfraz ridículamente epóquito a la regla de que todos los patinadores artísticos son gays.
-Vamos, nuestra misión de marketing debe empezar-Ethan me tendió una mano imitando las costumbres caballerescas.
-Creo que nos vamos a meter en un buen lío-no pude evitar seguirle el juego con una sonrisa.
-Pero será malditamente divertido, ¡por el chiringuito!- y me hizo dar una vuelta en medio de la pista de baile.
-¿Esta es tu idea?-le dije siguiendo el ritmo de la música- ¿Bailar?
-Cuando la gente te pregunte dónde aprendiste a bailar así, dí en el chiringuito Blue, ¡responde a todas las preguntas que puedas con esa respuesta!- y desapareció entre toda la multitud.
Ya casi pude imaginarme a Ethan haciendo marketing:
"-¿Cómo te llamas?
-Chiringuito Blue
-¿Que estudias?
-Chiringuito Blue
-¿Donde vives?
-Chiringuito Blue"

¡Ja! No pude evitar soltar una risilla, más que marketing parecía un juego de niños en el que no podías decir otra cosa que esas dos palabras.
-¿Cómo es posible que hayan dejado a esta hermosa dama bailando sola? ¿Quién ha sido el infame truhán? Tal vez... ¿Un pirata?- y un pirata besó mi mano enguantada.
No respondí de la sorpresa. Definitivamente aquel hombre encarnaba a la perfección cualquier fantasía que pudiera tener una mujer con un pirata. Era... sexy. Era un hombre. No un niño que todavía va al instituto. 
Sus labios eran finos, de un rosa pálido, destilaban una fuerza atrayente, su barbilla era prominente y partida, una fina barba que gritaba soltero cubría la parte inferior de su cara (o a lo mejor no gritaba soltero, y era sólo por ambientación al disfraz), sus ojos eran azul medianoche, quizá las luces tuvieran la culpa del efecto magnético, y de la medianoche, quizá fueran simplemente azules. Su pelo era corto, no obstante tenía algunos mechones largos desordenados que parecían escaparse de su sombrero pirata. Era brillante su pelo era tan oscuro como el carbón y aún así brillaba. Definitivamente tenían que ser las luces, no había bebido nada, pero tenía que haber algún truco en aquel endemoniado y sexy pirata. Hasta parecía que emanaba un aura peligrosa, casi como un tiburón. De ahí salía su punto sexy, el chico malo siempre tiene ese punto en las películas. Sólo que ésto no es una película, y... algo tan bueno no puede ser real.
-Dan Swart-dijo haciéndome dar una vuelta en la pista para luego apoyar mi mano en su hombro y pegarme a él- A su entera, placentera y completa disposición-me susurró al oído.
Estuve a punto de gemir, pero al final sólo me mordí el labio.
Si todos los piratas eran así, entendía cómo habían sido capaces de reunir tantos tesoros y ser leyendas. Yo le daría uno al que tenía delante si me lo pidiera.
-¿Sabías que los piratas solemos esconder nuestros tesoros en islas como estás para que nadie pudiera robárnoslos?- sus labios tan cerca de mi oído empezaba a ser más de lo que podía soportar.-¿Dónde debería esconderte a ti?
-Chiringuito Blue-respondí sin poder contenerme. Él parecía haber esperado una respuesta de mí, pero tenía mi mente en blanco, y eran las únicas palabras que parecía recordar.
-Será un placer-me cogió de la mano y tiró de mí alejándose de la fiesta, hacia la playa- Al final y al cabo dentro de poco será mío.
-Eso pareció sacarme de la jerga de tesoros, islas, y del encanto del sexy pirata.
-¿Cómo dices?
El pirata sonrió de lado.
-Pertenece a una niñita de ciudad, estoy seguro de que si le ofrezco una insignificante suma de dinero, volverá dando saltitos agradecida sin darse cuenta de la oportunidad de negocio que pierde. De todas formas no creo que sea capaz de hacer nada más que llorar.
-¿No crees que te estás pasando un poco?-me contuve de gritarle ante su forma de hablar de mí sin conocerme, aunque se suponía que la que estaba en estos momentos con él era yo, pero no lo era.
-Ojalá, la he investigado y tiene aspiraciones a la carrera de medicina, al parecer no pudo obtener la beca y se dedicaba a trabajos de camarera malpagados en la ciudad. No es lo suficientemente ambiciosa, si de verdad lo fuera habría conseguido la beca. Yo lo habría hecho. Debe de ser una buena para nada.- me sonrió y continuó hablando, como si fuese algo verdaderamente entretenido y gracioso-   Casi echaré de menos a la vieja del chiringuito. Era verdaderamente tacaña y ambiciosa, casi como la bruja del cuento de Hansel y Gretel, protegiendo su casita de dulces sin querer venderla. Creo que esperaba sacar más por su chiringuito, por eso no se molestó en arreglarlo-ya estábamos frente al Chiringuito Blue, él pasó una mano por la madera, como comprobando su estructura.- Muy terca, ahora podré comprarlo más barato, ¿no crees Elizabeth?
¡No, creo absolutamente que no! ¡Cómo deseaba gritar eso y pegarle una bofetada! ¡Hasta la palma de la mano había empezado a picarme por no haberlo hecho! Sin embargo el nombre de Elizabeth parecía haberme vuelto a la realidad. Yo no era Elizabeth, y él parecía conocerla.
-¿Cómo deberíamos pasar tu última noche? ¿Igual que las anteriores?- y el pirata se transformó en un vampiro y mordió el cuello de la... lo que quiera de lo que esté disfrazada.
Jadeé sin poder evitarlo, que el pirata fuera extremadamente perverso no quitaba que no fuera extremadamente bueno con sus labios.
¡Tú no eres Elizabeth! ¡Te ha tomado por una niñita tonta de ciudad!
-¡Dan!-ese jadeó no fue el mío, fue el de una chica morena que se encontraba a cinco metros de nosotros.
-¿Elizabeth?-dijo Dan confuso, luego me miró a mí.
Ahora que me fijaba... quizá nos parecíamos algo en la figura.
-¿De qué vas disfrazada?-le preguntó.
-¡De caperucita roja!-le gritó.
-Se suponía que no irías así disfrazada-sorprendentemente lo único que había hecho Dan era separar sus labios de mi cuello, pero no había apartado al resto de su cuerpo de mí.
-¡Ya lo sé! ¡La idiota de la asistente le dio mi disfraz a esa! ¡¿Qué demonios hacías besándola?!-le acusó.
Hora de largarse, piernas a moverse.
Pasé por debajo de su brazo y eché a correr como alma que lleva el diablo. Dan intentó agarrarme, sentí el movimiento de su brazo, pero no lo consiguió.
-¡No te atrevas a ir tras ella después de besarla!-oí que gritaba Elizabeth.
-¡Pero es que aún no la he besado!-oí que gritaba Dan antes de soltar una carcajada, después un gritó de frustración de Elizabeth, lo que significaba que me... ¡ESTABA PERSIGUIENDO!
Tenía que encontrar a Ethan y desaparecer, o simplemente desaparecer, él no podía encontrarme. ¡Ay, Dios! ¡Acababa de cometer mi primer delito! ¿Cómo era la condena en Barbados por suplantar a una persona! ¡No, no, no...! ¡No pienses en eso ahora! ¡Sólo corre! ¡Por el chiringuito!

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