miércoles, 22 de marzo de 2023

Señorito y señorita Brennan


- Así que esta es Meredith - dije contemplando la pequeña fotografía
La instantánea mostraba a una anciana de mediana edad paseando junto a un cachorro de labrador de color canela.
- Espera un momento... ¿eso quiere decir que tenemos un perro?- inquirí con entusiasmo contemplando al joven labrador. Siempre había querido tener uno, pero vivir en un piso pequeño tiene sus inconvenientes.
- Se llama Canela- contestó con una amplia sonrisa-¡Canela! ¡Canela! ¿Dónde estás?
Canela acudió ladrando a su encuentro moviendo la cola de un lado para otro. Ethan le acarició dulcemente el lomo. 
- Esta es la nieta de Meredith- dijo Ethan señalándome. 
El perro emitió un débil ladrido y comenzó a mover la cola al reconocer el nombre de Meredith.
- Hola pequeña-le susurré acariciándole el lomo.
Para mi sorpresa se lanzó contra mí, haciéndome perder el equilibrio. Me olisqueó y se puso a lamerme la cara.
- Creo que le has gustado- comentó Ethan soltando una carcajada. 
- ¿De verdad lo crees?- Sonreí irónica, incorporándome.
- ¡A jugar!- exclamó Ethan lanzando una pelota de color azul al otro extremo de la habitación.
Canela corrió a por ella y se la llevó como si de un tesoro se tratase al piso de abajo.
-¿Sabes? te pareces mucho a tu abuela-comentó con un tono de añoranza en su voz.
- Mi madre nunca me habló de ella, ni si quiera sabía que tuviese una -comenté dubitativa.
- Meredith tampoco hablaba de ti- susurró mirándose las manos- solo lo hizo dos noches antes de que esa maldita enfermedad se la llevase. 
En su tono de voz pude apreciar la tristeza y añoranza que sentía ante la rápida marcha de mi abuela.
-Me dijo que me encargase de sacar adelante este lugar, si su nieta no decidía venir- dijo mirándome fijamente- ella amaba este lugar.
Contemple la que debía de ser la habitación de Ethan. Era pequeña, pero muy acogedora. Había un gran ventanal con vistas hacia esa larga playa de arena blanca y de cocoteros. Junto a esta se encontraba una antigua cómoda y una pequeña estantería. En mitad de la estancia se encontraba la cama en la que había encontrado a aquel chico en ropa interior. Aún estaba desecha, y el...¡Aún estaba semidesnudo!
- ¿Es que no tienes ropa?-pensé en voz alta, ruborizándome al momento.
- Este es el uniforme del chiringuito-sonrió-las normas son las normas señorita.
- ¿Te estás quedando conmigo? Te recuerdo que soy la nueva jefa-le dije con una amplia sonrisa intentando disimular mi vergüenza.
- Digamos que eres mi aprendiz, pequeña Allie-sonrió.
- ¿Pequeña Allie? Aprende a tratar con respeto a tus mayores Ethan White-le sonreí maliciosamente- o tendré que despedirte.
Sus intensos ojos verdes me contemplaron desafiándome. Yo me limité a sostenerle la mirada, mientras un gran escalofrío recorría mi interior.
-No serías capaz-alardeó-jamás lo conseguirías sin mí.
-No me tientes-me dirigí a su armario y saqué de él una camiseta azul y unos pantalones vaqueros-ponte esto, nos vamos.
- ¿A comer? ¿Tenemos una cita?- me preguntó guiñándome un ojo.
- Quiero que me enseñes el pueblo, enano- le contesté enfatizando la última palabra.
Él me miró levantando una ceja y sonrió.
-¿A quien llamas enano ahora, pequeña Allie?- me increpó colocándose frente a mí.
Era más alto de lo que pensaba, tenía una espalda ancha y unos músculos bien definidos.
“¿En qué estas pensando Allison?-me reñí a mí misma ruborizándome”
Bajé al piso de abajo en busca de Canela. No la encontré por ningún sitio, por lo que decidí esperar a Ethan fuera.
Me senté en la arena y aspiré hondo. A una prudente distancia se encontraba ese gigantesco hotel para niños ricos. Pasar una noche en ese hotel equivalía a casi la mitad de un cuatrimestre de la carrera de medicina.
-¡Estas aquí!- dijo Ethan mirándome desde arriba.
Me ofreció su mano y tiró de mí para levantarme.
Andamos en silencio por la orilla de la playa, dejando que las templadas aguas de St.Lawrence mojaran nuestros pies.
-Quizá deberíamos organizar algún tipo de fiesta para tu bienvenida- sugirió-atraería clientela
-¿Mi bienvenida?- le increpé
- Es un pueblo pequeño, todos estarán deseando conocerte.
Sin darnos cuenta habíamos llegado a la altura de la entrada de aquel lujoso hotel. En un cartel pude ver Hotel Swart*****. Parecían estar celebrando una fiesta de disfraces. Desde el balcón se podía observar a mujeres con largos y ostentosos vestidos a juego con sus antifaces.
-Cuatro vestidos como esos serían suficientes para un año entero de carrera- comenté entre dientes.
- ¡Señorito y señorita Brennan! ¡Están aquí! Llegán media hora tarde- nos gritó una señora mayor- vuestros padres os han dejado los disfraces en vuestra habitación.
- Un momento, pero…se está confun…-comencé a decir
- ¡Ya vamos!-me cortó Ethan guiñándome un ojo
- Pero…-le susurré enfadada
-Shh…vamos a divertirnos-me susurró colocándome un dedo en mis labios-además, podemos aprovechar para promocionar nuestro negocio.
La señora nos guió a través de interminables pasillos, hasta llegar a la suite 412.
-Señorita Elisabeth, tu madre me ha ordenado que te pongas el vestido color crema a juego con el antifaz que comprasteis en vuestro viaje a Praga.
Me arrastró hasta la que debía de ser la habitación de Elisabeth y tras esto, se marchó en busca de Ethan.
-Elliot, no tardes demasiado, tu madre quiere presentarte a alguien importante-le ordenó con firmeza. Tras esto se marchó, dejándonos solos.
Corrí a cerrar la puerta y me lancé sobre Ethan furiosa.
-¿Te has vuelto loco?- le grité
- Es nuestra oportunidad para anunciar la reapertura del chiringuito-comentó con desenfado mirándome directamente a los ojos.





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